Cómo nació la empresa moderna

Un rápido paso por la historia de las empresas modernas, y la claves para entender la vital importancia en la civilización contemporánea del sector financiero y empresarial…

La empresa moderna

Las cosas no siempre han sido como son ahora. Y algo que los grandes líderes siempre supieron, fue que entender la historia era conocer el presente y presentir el futuro. Entonces, ¿cuánto sabemos sobre la invención de lo que hacemos? ¿Entendemos realmente sus orígenes, su forma de aparecer?

A continuación, hallarás una rápida historia de las empresas modernas, para que estés al tanto de tu participación en la historia de una de las áreas más vitales de la civilización contemporánea, como lo es el sector financiero y empresarial.

El origen de la empresa moderna

Todo empezó en la segunda mitad del siglo XX, en plena Revolución Industrial. El hombre había aprendido a modificar materias primas para formar bienes secundarios de consumo, pues lo había hecho de manera artesanal con las empresas del medioevo, como la Compañía Guipuzcoana y la West India Company. Pero ahora estaba además aprendiendo a hacerlo rápido y en masa. Las primeras fábricas, las primeras redes de distribución, los primeros ferrocarriles.

En ese contexto nace la empresa moderna, entendida jurídicamente como la sociedad anónima: una estructura burocrática privada, dirigida por gerentes asalariados y con una masa de trabajadores a su servicio, puesta al servicio de un objetivo con fines de lucro. Las primeras surgieron en Inglaterra, vinculadas con el oficio ferroviario, pero Alemania y Estados Unidos no tardaron en reproducir el ejemplo.

En ese último país, dicho sea de paso, las empresas ferroviarias contrataron por vez primera a un gerente, encargado de velar por su funcionamiento y expansión, logrando así descentralizar su modelo, mucho más a la usanza de las grandes empresas contemporáneas. Sus hermanas europeas, en cambio, prefirieron un modelo más centralista.

Esa diferencia de modelos permitió que al término de la Primera Guerra Mundial, las empresas norteamericanas, acostumbradas a un modelo que lidia con las enormes distancias de su territorio, supieran dar el primer paso hacia la multinacionalización, abriendo sus primeras sucursales en suelo europeo y, más tarde, latinoamericano.

El punto de partida del capitalismo moderno

Es así como surge un nuevo espacio de trabajo en el mundo moderno: la fábrica, y una nueva clase social: el proletariado. Todo este cambio profundo de estructuras construirá las bases para lo que luego será el mundo contemporáneo: desde el marxismo hasta la hipertecnologización, el capitalismo moderno empieza en este período histórico.

Pero antes la libre empresa tendrá que superar el trauma de la Segunda Guerra Mundial y la mancha que sobre las corporaciones alemanas dejó la mano de obra esclava del nazismo. Empresas alemanas como I. G. Farben, Volkswagen y muchas otras, tomaron participación y beneficio de los campos de trabajos forzados en los que el régimen nazi, en su lógica y racional vocación por el horror, sometió a distintos pueblos que consideraba como “inferiores”.

Así, junto con el posterior intervencionismo norteamericano a través de las franquicias empresariales y políticas de venta de armamento, se gestó durante el siglo XX una mala reputación que acompañaría al mundo empresarial durante décadas.

El triunfo, sin embargo, de la empresa como modo de asociación para generar riqueza prevalecerá y a finales del siglo la libre empresa será una pieza clave del desarrollo industrial y económico de las naciones, tomando una participación vital en el desarrollo de los mercados financieros y una cierta equitatividad en los niveles mundiales de vida. E impulsando, al hacerlo, una nueva figura social que media entre los propietarios del capital y el proletariado trabajador: la clase gerencial.

Un vistazo al retrovisor

No viene mal un poco de contexto histórico para el pensamiento corporativo, ¿no es cierto? Sólo así se tiene una perspectiva más completa del propio momento histórico, y eso es vital a la hora de emprender, de crecer como empresa o de olerse en el aire las nuevas oportunidades.

Imagen: Freepik

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