Dos lecciones que deja el fracaso de Wazypark

La estrepitosa caída de Wazypark se debió a dos factores que no lograron encajar con la visión de sus creadores. La compañía se convirtió en víctima de su propio éxito corporativo…

Dos lecciones que deja el fracaso de Wazypark.

En el mundo del emprendimiento digital hay muchas historias de éxito, pero también hay miles de fracasos. Uno de los casos más recientes en el mercado español es el referente a la app Wazypark.

Esta aplicación se define como un programa que permite “encontrar sitios libres en los que aparcar y ganar dinero por compartir el hueco que dejas vacío al desaparcar”.

La idea no pinta mal a primera vista. De hecho, más de 600.000 descargas avalan el impacto que ha tenido. Sin embargo, hay varios elementos que se pueden analizar para no cometer los mismos errores de sus creadores.

Tal vez este emprendimiento fue víctima de su propio éxito, según los analistas. Exceso de ambición y ausencia de un modelo de negocio han sido los ingredientes de este colapso digital.

Errores cometidos

El primer error vino de intentar recaudar capital para su crecimiento por todos los medios posibles, lo que derivó en un aumento desproporcionado de su plantilla. Después, hubo más intentos por conseguir fondos de todo tipo de inversores.

En un momento dado, había tantos acreedores y deuda acumulada que no se sabía dar cuenta a los inversores, dependiendo del apoyo que habían dado.

El segundo fue una consecuencia del primero. No existía un modelo de negocio sólido. La aplicación ha estado activa durante dos años y era una genialidad. Triunfó entre miles de personas, y lo más importante es que ayudaba a conseguir aparcamiento en las ciudades.

No obstante, se descubrió que no se habían asentado las bases de la fuente de ingreso. En otras palabras: la empresa tenía éxito, pero no ingresaba dinero.

Mantenerla activa

La pregunta que surgió entonces fue: ¿Cómo mantenerla a flote? Se intentaron diversas opciones, pero ninguna fue suficiente para sacarla del apuro.

Nunca se mantuvo realmente estable. Ahora hay un preconcurso de acreedores y una disputa entre los inversores, con especial atención en quienes llegaron a financiar durante los últimos meses.

Su manejo sienta un precedente respecto a cómo se debe manejar una empresa que ha sido exitosa desde el comienzo, pero un insaciable apetito por crecer la llevó a una implosión de la que se seguirá hablando durante mucho tiempo.

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