¿Es posible preservar el cerebro, con sus ideas, emociones, conciencia y recuerdos?

Ken Hayworth, neurocientífico y presidente de la Fundación para la Preservación del Cerebro, está trabajando para que la preservación cerebral sea posible en un futuro próximo.

¿Es posible preservar el cerebro, con sus ideas, emociones, conciencia y recuerdos?

¿Te imaginas que fuera posible almacenar el contenido de nuestros cerebros antes de morir?, ¿como si se tratara de la copia de seguridad del disco duro de un ordenador? De esta forma, nuestras identidades nunca se perderían.

Imagina que esa información almacenada se pudiera cargar en un host, como un robot o avatar, o en un nuevo cuerpo semi-biológico e indestructible. En ese caso, los humanos seríamos esencialmente inmortales.

Aunque suena como una historia reservada para la ciencia ficción, los científicos están tratando de dar vida a este concepto futurista. Durante los últimos años, algunos investigadores han estado trabajando en el desarrollo de un proceso para preservar el cerebro, junto con los recuerdos, las emociones y la conciencia, con la esperanza de que la humanidad tenga una forma de evitar la muerte y alcanzar un futuro lejano.

Cuestiones filosóficas y aspectos prácticos

Ken Hayworth, neurocientífico y presidente de BPF (Fundación para la Preservación del Cerebro), sueña con un futuro donde la preservación cerebral de alta calidad sea posible antes de la muerte. Hayworth se interesó inicialmente en la criónica, el proceso de poner a una persona en animación suspendida o de bajar su temperatura corporal para evitar el paso del tiempo, pero tras unos años se sintió frustrado por la falta de evidencia de que el cerebro se conserve bien en esas condiciones.

“La congelación de las personas destruye el tejido, incluyendo el tejido cerebral”, explica Hayworth. “Aunque algunos venden esto como un producto, no hay evidencia científica que sugiera que los circuitos neuronales del cerebro se estén preservando”.

Hayworth no es tímido a la hora de abordar las cuestiones filosóficas y los aspectos prácticos, así como al hablar sobre la muerte: “Si me sometiera a la preservación y fuera revivido, esperaría tener un cuerpo robótico que me diera la libertad de explorar el mundo”, afirma. “Tendría el mismo aprendizaje y capacidad mental para crecer como individuo”.

Cuando se le pregunta qué pasaría si una persona revivida se despierta y descubre que todo aquello que formó parte de su vida anterior ha desaparecido, incluso los seres queridos, Hayworth dice: “En el mundo que imagino no todos llegamos juntos, pero muchas más personas de las que pensamos optarían por preservar sus cerebros. Saben que no se irán y toman esa decisión conscientemente”.

Un procedimiento ofrecido en los hospitales

Pero si Hayworth tiene algo importante que decir es que la carga mental no estará disponible de forma comercial. Él cree firmemente que este procedimiento solo debe ser ofrecido en los hospitales regulados, en un entorno médico adecuado.

“Con nuestro sistema médico actual esto no sería ningún problema y podría estar disponible para todas las personas que dispongan de un seguro de salud. En un principio, esto debería ofrecerse como un procedimiento médico de emergencia a cualquier persona que vaya a morir, como una opción de eutanasia”, explica el neurocientífico.

Aunque Hayworth es optimista, no cree que esto sea posible a corto plazo. En este sentido, las estimaciones de Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google, son más esperanzadoras. Kurzweil está convencido de que podremos cargar nuestra mente en un ordenador en el año 2045, y nuestros cuerpos serán reemplazados por máquinas dentro de unos 90 años aproximadamente.

La preservación exitosa del cerebro es solo un paso en un proceso mucho más amplio, que también incluye cargar esa mente en un prototipo de cuerpo robótico o avatar.

“El reto de cargar la mente en un host es un proceso tan grande como el aterrizaje lunar del Apolo. Con el estado actual de la tecnología, no creo que eso suceda hasta dentro de 40 o 50 años”, opina Hayworth. Según sus estimaciones, pasarán otros 50 años antes de que nuestros cuerpos frágiles sean reemplazados por máquinas.

Trabajando en el primer desafío: preservar el cerebro

No obstante, lo desconocido y lo lejano no han reducido el entusiasmo de Hayworth. “Si las únicas opciones que tenemos son estar pudriéndonos en una tumba o que nuestros cerebros se conserven con la esperanza de que, en 100 años o más, la tecnología del futuro reconstruya nuestros cerebros y nos devuelva la vida, yo sé qué opción elegiría”.

Queda la duda de si un cerebro humano se puede preservar con éxito, ya que, aunque ese proceso funcionara, después surgiría el desafío de cargarlo en un ser no biológico o semi-biológico.

Por ahora, la Fundación para la Preservación del Cerebro (BPF) está tratando de idear un procedimiento que preserve de forma segura y completa todo el espectro de un cerebro humano para que un día, si se logra la carga, una persona permanezca intacta y pueda seguir viviendo.

Si Hayworth tiene razón, llegará el día en el que los humanos podremos ser inmortales. Hasta entonces, solo nos queda seguir soñando.

Imagen: Freepik

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