Guía práctica para la toma efectiva de decisiones

En el mundo profesional, una mala decisión puede conducir al desastre. Por eso conviene entrenarse para no dejar pasar las oportunidades, ni tampoco lanzarse de cabeza al abismo…

Guía práctica para la toma efectiva de decisiones

Tomar decisiones: de eso, dicen, se trata la vida. Pocas cosas son más difíciles de aprender que la toma consciente de decisiones.

Por lo general en la vida nos dejamos llevar por impulsos emotivos, presión social o la tendencia del momento a la hora de tomar muchas de nuestras decisiones. Y quizá por eso nos arrepentimos a menudo, sobre todo cuando es ya demasiado tarde.

En el mundo profesional, una mala decisión puede, a menudo, conducir al desastre, tanto como una acertada puede abrir una ventana inesperada de inversión y crecimiento.

Y si en la vida afectiva tenemos siempre oportunidades de aprender y volverlo a intentar, la dinámica competitiva de los negocios no suele ser tan generosa, ni dar segundas opciones con tanta frecuencia.

Así que conviene entrenarse en el arte de la planificación, evaluación y proyección de decisiones, y no dejar pasar las oportunidades ni tampoco lanzarse de cabeza al abismo. En este artículo veremos algunos consejos para una toma eficiente de decisiones.

Primeras consideraciones

Todo en la vida depende de dos tipos de fuerzas: las exteriores y las interiores, siendo las primeras las que se derivan de acontecimientos vinculados con el mundo y con las decisiones ajenas, y las segundas las que tienen que ver exclusivamente con lo propio.

Así, un sistema o una organización es sensible tanto a las condiciones del momento, sobre las cuales no tiene o tiene un mínimo control, como a las condiciones internas, es decir, las que responden a su estructura y funcionamiento.

Estas últimas son, aunque pareciera lo contrario, las más importantes, pues sobre ellas tenemos pleno control y responsabilidad.

Esas fuerzas que mencionamos son las que conducen siempre a la toma puntual de una decisión.

Y es justamente en la consideración de ambos tipos de fuerzas que deben estudiarse los escenarios posibles que genera cada opción a elegir: invertir o no en esa startup prometedora, retirarse o no de la ruleta financiera, emprender ahora o continuar esperando…

Toda decisión debería pasar por una planificación estratégica de las fuerzas internas y una evaluación objetiva de las externas.

Aún así, no todas las decisiones se presentan de golpe como asuntos de vida o muerte. La mayoría dependen de una continuidad en el tiempo, es decir, de un ejercicio rutinario de pequeñas decisiones que, a la larga, conducen a los resultados más importantes.

Lo cual conduce a la conclusión de que toda decisión es fundamental, por pequeña que sea, incluso cuando sus efectos no puedan verse en el instante en que se la tome. Lo sabemos, toda acción en la vida acarrea siempre una necesaria reacción.

Paso a paso para decidir

No importa la envergadura de la decisión a tomar, ni sus consecuencias a corto, mediano o largo plazo: siempre deberás tener en cuenta las siguientes consideraciones para tomar una decisión efectiva:

  1. Lo primero es tener bien claro cuál es el objetivo a alcanzar y cuál es su importancia. Manejar la mayor cantidad de información al respecto es vital.
  1. Luego debemos evaluar las opciones posibles para alcanzarlo. Las más realistas, para empezar, pero también ―¿por qué no?― las más atrevidas.
  1. Ahora sopesaremos las fuerzas internas y externas que acompañan y modifican a cada escenario de decisión. Las primeras acusarán los cambios necesarios para alcanzarlo, mientras las segundas te dirán lo que está a su favor o en su contra en el mundo. Puedes asignar una puntuación específica a cada fuerza para cotejar los pros y los contras de cada escenario.
  1. Elegiremos finalmente la opción cuya puntuación sea la más prometedora.
  2. Llevaremos también un registro de las consecuencias de cada elección tomada, para que podamos después fijar los objetivos sucesivos.

Ninguna elección es infalible

Guiándonos por el esquema propuesto podremos, sin duda, tomar decisiones más calculadas, más estratégicas y más en diálogo con nuestros procesos y nuestras metas futuras.

Pero no está de más prepararse en caso de que las decisiones conduzcan a un escenario imprevisto. Así podremos también minimizar el riesgo, tomar previsiones y, eventualmente, convertir una crisis en un nuevo escenario de decisiones potenciales e innovadoras.

Imagen: Freepik

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