
Vivimos en un mundo de búsquedas e investigaciones. Si acabamos de hablar con un potencial cliente o un emprendedor, es casi un hecho que el interlocutor está investigándonos. En alguna parte, alguien está colocando nuestro nombre o el de la empresa en un buscador y se está haciendo una idea de lo que podemos ofrecer… o no.
Cuando la gente se entera de esto el primer impulso es esconderse. Por más que cambiemos de nombre en Facebook, hagamos privado nuestro Twitter o borremos cualquier contenido cuestionable de nuestro historial, estamos tratando de tapar el sol con un dedo. Es como intentar quedarse callado para evitar equivocarse en una conferencia.












